Antes de escribir una sola nota, Jon Lorin escucha el lugar donde la obra va a existir. La música que sale de ese ejercicio no ilustra: sostiene. Estas imágenes no son registro de sesiones ni de proyectos entregados; son referencias visuales que el estudio usa para pensar cómo suena un espacio antes de habitarlo con sonido.
Un lago, un valle, una estación que cambia de golpe. Ese tipo de quietud obliga a decidir qué capas entran y cuáles se quedan afuera. No es un paisaje para ilustrar: es una forma de calibrar cuánto sonido tolera una escena antes de volverse ruido.
Acústico y electrónico conviven sin jerarquía fija. La elección depende de qué necesita contar la escena: un piano que respira, un sintetizador que sostiene tensión, una capa que reacciona cuando el público se mueve. La mesa de trabajo es donde esa decisión se vuelve concreta.
Ver una onda ayuda a entender dónde respira un tema y dónde se satura. En el sitio esa idea aparece de manera discreta: movimiento que acompaña la lectura y que se detiene cuando el visitante lo pide. Nada de destellos ni efectos que compitan con el texto.
En una instalación inmersiva nadie está sentado en el mismo lugar. La música tiene que funcionar en cualquier punto del recorrido, con bucles que no delaten su inicio y con una mezcla que resista la reverberación real del espacio. El boceto empieza mucho antes de la prueba en sala.
Hay escenas que piden silencio y no ausencia. Ese silencio se conversa con dirección y montaje, se prueba, se descarta. La música que acompaña sin invadir también sabe retirarse a tiempo, y esa decisión se toma en la sala de edición, no en el teclado.
Las imágenes de esta página son referencias visuales de uso ilustrativo. No corresponden a proyectos entregados, sesiones de grabación ni encargos del estudio. Para escuchar muestras autorizadas por atmósfera, revisá la sección de escenarios sonoros o escribí a info@jonlorinmusic.com.
La música que sale de este estudio no busca el primer plano. Busca el lugar exacto donde puede sostener una escena sin tapar lo que ya está contado: un diálogo, un plano largo, el movimiento de alguien que recorre una sala a oscuras. Ese límite es el punto de partida de cada encargo, no una restricción que aparezca al final.
Jon Lorin compone música original para videojuegos narrativos, instalaciones inmersivas y cortometrajes. El trabajo arranca siempre desde una premisa narrativa concreta: qué información tiene que circular, qué tiene que quedar afuera y en qué momento conviene que no suene nada. A partir de ahí se define la instrumentación, que combina fuentes acústicas y electrónicas, y la forma de los bucles, pensados largos para que no delaten su inicio.
En instalaciones donde el público se mueve, la música se organiza en capas que responden al desplazamiento y a la permanencia. En un videojuego, esas capas se prueban dentro del motor antes de cerrar una versión. En un cortometraje, muchas veces la decisión más útil es el silencio. Son contextos distintos, pero la lógica se mantiene: la música ocupa el espacio que la obra deja libre y no el que ya está ocupado.
El sitio no reproduce música sin autorización. Por eso el recorrido empieza por las muestras organizadas por atmósfera, los créditos de cada pieza y la información de licencias. Escuchar viene después de entender qué se está escuchando y bajo qué condiciones.
No hay resultados garantizados ni fórmulas replicables. Cada proyecto tiene su propio tiempo de escucha, sus pruebas y sus correcciones. Lo que sí se sostiene es un método: partir de la premisa, probar en contexto y ajustar hasta que la música deje de estorbar.
Para conversar sobre un proyecto se puede escribir a info@jonlorinmusic.com o llamar al +54 11 4151-4462. El estudio atiende desde Av. Corrientes 1234, Piso 8, Oficina 802, C1043 Buenos Aires.
Jon Lorin compone música original para videojuegos narrativos, instalaciones inmersivas y cortometrajes. La misión del estudio es simple de enunciar y difícil de sostener: acompañar sin invadir. Cada encargo arranca con una premisa narrativa y termina en temas que dejan respirar a la imagen, al diálogo y al silencio.
Antes de escribir una nota, el trabajo pasa por entender qué información ya está contada en pantalla. Si el plano, la actuación o el ambiente resuelven la escena, la música no necesita subrayarla. Esa contención es una decisión de composición, no una ausencia de ideas.
El estudio combina instrumentación acústica con capas electrónicas, bucles largos y silencios deliberados. En instalaciones, algunas capas responden al movimiento del público; en videojuegos, la duración de los bucles se ajusta al ritmo real de juego. Nada de eso se decide por gusto: se decide por lo que la obra necesita.
El sitio no reproduce música sin autorización. Por eso ofrece muestras por atmósfera, créditos e información de licencias antes que cualquier escucha. Quien llega buscando un tema para su proyecto encuentra primero el marco: qué se puede usar, en qué contexto y bajo qué acuerdo.
Jon Lorin trabaja desde Buenos Aires con estudios de videojuegos, equipos de montaje, curadores de instalaciones y realizadores de cortometrajes. El criterio no cambia según el formato: la música se escribe para la obra, no para lucirse por fuera de ella. Para encargos, el contacto directo es info@jonlorinmusic.com o el teléfono +54 11 4151-4462.
Punto de partida
Antes de escribir una sola nota, la pregunta es siempre la misma: qué necesita la escena y qué le sobra. La música que acompaña sin invadir deja respirar al diálogo, al gesto y al silencio del propio material. Ese es el criterio que ordena cada encargo, sea un videojuego narrativo, una instalación inmersiva o un cortometraje.
El trabajo empieza por entender qué información ya está contada en pantalla. Recién después se decide qué capa sonora puede sumar algo que la imagen todavía no dice.
Se combinan instrumentos acústicos con texturas electrónicas, bucles largos y capas que responden al movimiento del público. Nada de eso se usa por defecto: cada recurso responde a una necesidad narrativa concreta.
Hay tramos donde la mejor intervención es no intervenir. Reservar compases sin música puede sostener una tensión mejor que cualquier tema, y esa decisión se conversa con dirección y montaje.
El sitio no reproduce música sin autorización. Por eso ofrece muestras por atmósfera, créditos e información de licencias antes de cualquier reproducción, y el formulario de encargos queda en la página de contacto.