La premisa narrativa manda
Antes de elegir un instrumento se define qué debe acompañar la música y qué debe quedar fuera. Esa decisión evita temas que compiten con el diálogo o con la acción y ahorra revisiones posteriores.
Resultado: cada tema responde a una intención concreta del proyecto, no a un gusto suelto.
Atmósferas antes que melodías
Se acuerdan primero las atmósferas del proyecto y recién después se trabaja el material temático. Instrumentación acústica y electrónica se combinan según lo que pida cada escena o cada sala.
Resultado: el equipo escucha opciones comparables entre sí y puede elegir con criterio.
Bucles largos y capas que responden
Los bucles se construyen para sostener tiempos extensos sin delatar su inicio. En instalaciones, las capas pueden activarse según el movimiento del público, de modo que la música cambie sin cortes bruscos.
Resultado: continuidad sonora en sesiones largas y en recorridos donde cada visitante entra en un momento distinto.
El silencio se planifica
Los tramos sin música no son un hueco: se deciden junto con el resto de la composición. Sirven para dejar respirar una escena, para sostener una tensión o para que el ambiente haga su trabajo.
Resultado: la ausencia de música aparece como decisión narrativa y no como un olvido de montaje.
Entrega con créditos y licencia
Cada tema se entrega con sus créditos claros y la información de licencia que corresponde al uso acordado. Eso incluye qué se puede hacer con el material y qué queda fuera del alcance del encargo.
Resultado: el equipo sabe desde el principio cómo puede publicar, exhibir o adaptar lo recibido.
Las muestras se escuchan con permiso
El sitio no reproduce música sin autorización. Las muestras por atmósfera se comparten cuando el proyecto lo justifica y con el consentimiento correspondiente, no como fondo automático de la página.
Resultado: el material se escucha en el contexto adecuado y con las condiciones acordadas.