Cada proyecto arranca de una situación concreta: alguien camina, alguien mira, alguien calla. Acá van tres contextos posibles y qué se decide en cada uno antes de escribir una sola nota. No es un catálogo cerrado: si tu caso se parece a alguno de estos, ya tenemos un punto de partida para hablar.
El personaje cruza un bosque y la tensión sube o baja según lo que encuentra. La música se arma con bucles largos y capas que responden a ese estado, sin tapar el diálogo ni la acción. Se prueban las transiciones dentro del motor antes de cerrar nada.
Ver cómo se trabaja el procesoEn una sala oscura el público decide dónde pararse y cuánto quedarse. La mezcla tiene que funcionar en cualquier punto del recorrido: instrumentación acústica y electrónica, capas que se activan con el movimiento y silencios que no se notan como pausa.
Revisar los planes de trabajoA veces la escena más fuerte es la que no lleva música. Se conversa con dirección y montaje dónde intervenir y dónde dejar que el ambiente cargue con todo. El silencio también es una decisión de composición, no un hueco.
Documental, pieza de sala, performance o algo que todavía no tiene nombre. Si la premisa narrativa está clara, se puede pensar una búsqueda sonora a medida. Lo importante es entender qué tiene que sostener la música y qué tiene que dejar libre.
Volver al inicioEscenarios en imagen
Cada escenario parte de una premisa narrativa concreta. La imagen no ilustra el resultado final: muestra el punto de partida, el lugar donde la música entra a resolver algo que la escena todavía no dice. Las muestras se organizan por atmósfera y no se reproducen sin autorización.
Un personaje cruza un bosque y la música no describe el paisaje: mide su estado interno. Cuando la tensión sube, entran capas electrónicas sostenidas; cuando baja, quedan cuerdas sueltas y un silencio que deja respirar la escena. Los bucles se prueban dentro del motor para que la transición no se delate.
Nadie recorre la obra en el mismo orden. Por eso la música se arma con capas que responden al movimiento y bucles largos que no revelan su inicio. La mezcla se ajusta a la reverberación real del espacio, no a la del estudio. La primera visita del público suele corregir más de lo que anticipa el plano.
Hay escenas donde agregar música debilita lo que ya está dicho. En este caso la decisión fue callar durante el diálogo y dejar que el ambiente cargara el peso. La música aparece recién en el corte siguiente, cuando la escena ya no puede sostenerse sola. Esa ausencia se conversa con dirección y montaje antes de grabar una sola nota.
Las muestras por atmósfera se acompañan con créditos y datos de licencia. Si tu proyecto encaja en alguno de estos contextos, el formulario de encargos permite describir la premisa narrativa y las necesidades sonoras.
Contar el proyectoAntes de avanzar sobre cualquier propuesta conviene dejar claros algunos puntos. Los escenarios que se describen en esta página son contextos de uso posibles, no compromisos cerrados: cada encargo se define después de conversar sobre la premisa narrativa, el formato y las condiciones de licencia. Nada de lo que aparece aquí implica disponibilidad inmediata, reserva de fechas ni resultados garantizados.